lunes, 9 de abril de 2012

Lamentación en Martínez

Copita,
oficial mentora
de selva silenciosa.
Es necesario
el "sigue lloviendo"
arena en el malecón
de las profundas estancias.
Tormenta de arena y polvo.  
Jamás tantas cosas
frecuentaron
un significado que clasifica
las premisas, los velos, los etcéteras,
para peinar un conjunto
de juicios,
de extensiones,
de antagonismos.
¿Por qué no me gusta
que no me guste?
Encima, con pretensiones.
Ah, la sensibilidad social
del artista y su gemido.
Por otro lado,
una lamentación de ambulancias
como diciendo:
Rosas fragantes.
Perlas de Ormuz.
¿No hay miedo de que el informe tigre
se despierte?
Llevo lento en el sombrero
un pozo de agua,
por si refresca.
Reinado de la Poesía y el músculo.
La tempestad y sus anclajes 
en la palabra disipada.
Viven todas las lenguas
bajo el sol.
En cada espectador crece la culpa.
Los instintos tejen la tradición
con adulación del oprimido.
Tengo débil la voz
y mediocre
el alma del paladar.
Sospecho de mí.
No se lo digas a nadie, camarada. 
Moriré con falsa delectación
cuando todos me golpeen
en este sótano revulsivo,
donde escupo demasiado alquitrán
y alquilo un ejemplar
de postales neuróticas o meritorias.
La gente no tiene nada que hacer
y me señala.
Estaré alerta
por si ya me descubrieron.

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