El faquir un día le preguntó ¿y cómo está la Morena?, y la palabra del experto en mujeres, lo pegó a mi falda de una chica al rojo in red. Alive.
El huracán hizo el resto.
Usted se reirá mucho, vecino,
pero a mi se me hace un nudo en la garganta
ni le cuento, vecino,
a estas horas estará sonando tragicómico
más que dramático,
porque de verdad
que una no sabe que decirle
a la gente que acomete y pregunta
si me falla el comedor;
esa gente pseudo ingente,
que resopla, que se oculta,
que se entristona y tris tece
por tanta soledad,
tanta mentira
de pueblo chico, infierno grande.
Usted se reirá mucho, ya lo sé,
vecino,
porque entiende que no les da el cuero
y agachan la cabeza
y dicen que estoy loca
y que tome la pastillita azul
y patatín patatero.
Estoy segura de que no ha querido
saber esto,
aunque si que habrá ansiado
desternillarse conmigo,
mucho la rima jadeante,
la maja de antes del día después,
la que cantaba en los bares canciones populares
y tabulaba el Universo.
Ay, vecino, si le mostrara las fotos,
ay, si supiera que
cuando se apagaba el ordenador,
una orquesta sinfónica, afónica y esterofónica,
tocaba Brahms y Piazzola,
y yo sola;
no faltaban citas a las citas
del señor de las monsergas
a ciegas de los gallitos
de comisuras babosas,
No me verá por un tiempo,
vecino.
Descréame.
Sipi.
Paparepecepe
quepe mipi fapamapa
llepegópo haspatapa
apaquípi.
Opolépeeeeee, pepe...
Pepé pepé pepé,
pepé pepé pepé...
(con música de murga,
amor en tacitas
y santo y seña rodado en la arena).
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