sábado, 7 de marzo de 2015

Nudillo



Nunca quiso soñar la canción del poeta,

ni mentirle a las Musas

ni abrir fuego al error.

Cada día que pasa se le pierden papeles

y encuentra alguna foto de su amigo Ramón.

Joaquín "María" Sabina,

según rezan partidas

de libros de cocina,

de Cela, de heroína y absurdo Maldoror,

se niega a curar vicios

y va dejando indicios de adicciones y minas

de lápices modernos.

Sus rayas en cuadernos provocan endorfinas

que nunca fueron vistas por nadie alrededor.

Aunque no usa cortaplumas,

cuchillos, bisturíes,

opera en carne y hueso, con versos a pulmón.

Mi pariente lejano me enseñó que hay un mundo

que llora sin consuelo

detrás del mostrador de bares y tabernas,

tras sucios escenarios con divas de salón.

Mujeres sin estilo rodean sus virtudes

porque es bueno ocultarse tras novias de cartón.

No importa si no calman

ansiedad e inquietudes:

Lo esperan unas cientos de noches en desvelo,

llegará a ser abuelo

del hijo que ha soñado en vidas paralelas

que Dios no le ha negado.

Irá prendiendo velas

a Cupido y a Judas,

dejará viejas mudas

y estrenará su traje de clown que amó la muerte,

(nunca pude entenderte)

en entierros de seres

que cuentan por lo bajo

cual era su dolor

on the road
del atajo

que oprime la razón.

Ni biógrafo ni atleta

ni intérprete frustrado,

ni esteta destetado,

ni es un hombre de paja cuando paga al contado,

no seré quien te diga

lo que él siempre calló.

Al ver venir la guerra

que pudo detenerse,

no quiso defenderse

y carga con la pena de saber que estalló

por su ceguera inane

que es mala compañera,

por su altiva manera,

de pretender que sane su herido corazón.


En este acto, imploro

que abandones los cuernos

de un toro cultural,

que afiles los colmillos

ajeno a sangre ajena,

que agrega una condena

en oscuros pasillos

y vuelvas a ser ese

que no aprendió a cantar.




QUE SIGAS SIENDO FELIZ EN TU RUTA 66.




Nunca quiso soñar la canción del poeta,

ni mentirle a las Musas

ni abrir fuego al error.

Cada día que pasa se le pierden papeles

y encuentra alguna foto de su amigo DOLOR.

Joaquín "María" Sabina,

según rezan partidas

de libros de cocina,

de Cela, de heroína y absurdo Maldoror,

se niega a curar vicios

y va dejando indicios de adicciones y minas

de lápices modernos.

Sus rayas en cuadernos provocan endorfinas

que nunca fueron vistas por nadie alrededor.

Aunque no usa cortaplumas,

cuchillos, bisturíes,

opera en carne y hueso,

con versos a pulmón.

Mi pariente lejano me enseñó que hay un mundo

que llora sin consuelo

detrás del mostrador de bares y tabernas,

tras sucios escenarios con divas de salón.

Mujeres sin estilo rodean sus virtudes

porque es bueno ocultarse tras novias de cartón.

No importa si no calman

ansiedad e inquietudes:

Lo esperan unas cientos de noches en desvelo,

llegará a ser abuelo

del hijo que ha soñado en vidas paralelas

que Dios no le ha negado.

Irá prendiendo velas a Cupido y a Judas,

dejará viejas mudas

y estrenará su traje de clown que amó la muerte,

(nunca pude entenderte)

en entierros de seres

que cuentan por lo bajo cual era su dolor

on the road 
del atajo

que oprime la razón.

Ni biógrafo ni atleta

ni intérprete frustrado,

ni esteta destetado,

no es un hombre de paja cuando paga al contado,

no seré yo quien diga

lo que él siempre calló.

Al ver venir la guerra

que pudo detenerse,

no quiso defenderse

y carga con la pena de saber que estalló

por su ceguera inane

que es mala compañera,

por su altiva manera,

de pretender que sane su herido corazón.

En este acto, imploro

que abandones los cuernos

de un toro cultural,

que afiles los colmillos

ajeno a sangre ajena,

que agrega una condena

en oscuros pasillos

y vuelvas a ser ese

que no aprendió a cantar.




QUE SIGAS SIENDO FELIZ EN TU RUTA 66.

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