Nunca quiso soñar la canción del poeta,
ni mentirle a las Musas
ni abrir fuego al error.
Cada día que pasa se le pierden papeles
y encuentra alguna foto de su amigo Ramón.
Joaquín "María" Sabina,
según rezan partidas
de libros de cocina,
de Cela, de heroína y absurdo Maldoror,
se niega a curar vicios
y va dejando indicios de adicciones y minas
de lápices modernos.
Sus rayas en cuadernos provocan endorfinas
que nunca fueron vistas por nadie alrededor.
Aunque no usa cortaplumas,
cuchillos, bisturíes,
opera en carne y hueso, con versos a pulmón.
Mi pariente lejano me enseñó que hay un mundo
que llora sin consuelo
detrás del mostrador de bares y tabernas,
tras sucios escenarios con divas de salón.
Mujeres sin estilo rodean sus virtudes
porque es bueno ocultarse tras novias de cartón.
No importa si no calman
ansiedad e inquietudes:
Lo esperan unas cientos de noches en desvelo,
llegará a ser abuelo
del hijo que ha soñado en vidas paralelas
que Dios no le ha negado.
Irá prendiendo velas
a Cupido y a Judas,
dejará viejas mudas
y estrenará su traje de clown que amó la muerte,
(nunca pude entenderte)
en entierros de seres
que cuentan por lo bajo
cual era su dolor
on the road del atajo
que oprime la razón.
Ni biógrafo ni atleta
ni intérprete frustrado,
ni esteta destetado,
ni es un hombre de paja cuando paga al contado,
no seré quien te diga
lo que él siempre calló.
Al ver venir la guerra
que pudo detenerse,
no quiso defenderse
y carga con la pena de saber que estalló
por su ceguera inane
que es mala compañera,
por su altiva manera,
de pretender que sane su herido corazón.
En este acto, imploro
que abandones los cuernos
de un toro cultural,
que afiles los colmillos
ajeno a sangre ajena,
que agrega una condena
en oscuros pasillos
y vuelvas a ser ese
que no aprendió a cantar.
QUE SIGAS SIENDO FELIZ EN TU RUTA 66.
Nunca quiso soñar la canción del poeta,
ni mentirle a las Musas
ni abrir fuego al error.
Cada día que pasa se le pierden papeles
y encuentra alguna foto de su amigo DOLOR.
Joaquín "María" Sabina,
según rezan partidas
de libros de cocina,
de Cela, de heroína y absurdo Maldoror,
se niega a curar vicios
y va dejando indicios de adicciones y minas
de lápices modernos.
Sus rayas en cuadernos provocan endorfinas
que nunca fueron vistas por nadie alrededor.
Aunque no usa cortaplumas,
cuchillos, bisturíes,
opera en carne y hueso,
con versos a pulmón.
Mi pariente lejano me enseñó que hay un mundo
que llora sin consuelo
detrás del mostrador de bares y tabernas,
tras sucios escenarios con divas de salón.
Mujeres sin estilo rodean sus virtudes
porque es bueno ocultarse tras novias de cartón.
No importa si no calman
ansiedad e inquietudes:
Lo esperan unas cientos de noches en desvelo,
llegará a ser abuelo
del hijo que ha soñado en vidas paralelas
que Dios no le ha negado.
Irá prendiendo velas a Cupido y a Judas,
dejará viejas mudas
y estrenará su traje de clown que amó la muerte,
(nunca pude entenderte)
en entierros de seres
que cuentan por lo bajo cual era su dolor
on the road del atajo
que oprime la razón.
Ni biógrafo ni atleta
ni intérprete frustrado,
ni esteta destetado,
no es un hombre de paja cuando paga al contado,
no seré yo quien diga
lo que él siempre calló.
Al ver venir la guerra
que pudo detenerse,
no quiso defenderse
y carga con la pena de saber que estalló
por su ceguera inane
que es mala compañera,
por su altiva manera,
de pretender que sane su herido corazón.
En este acto, imploro
que abandones los cuernos
de un toro cultural,
que afiles los colmillos
ajeno a sangre ajena,
que agrega una condena
en oscuros pasillos
y vuelvas a ser ese
que no aprendió a cantar.
QUE SIGAS SIENDO FELIZ EN TU RUTA 66.
que abandones los cuernos
de un toro cultural,
que afiles los colmillos
ajeno a sangre ajena,
que agrega una condena
en oscuros pasillos
y vuelvas a ser ese
que no aprendió a cantar.
QUE SIGAS SIENDO FELIZ EN TU RUTA 66.
Nunca quiso soñar la canción del poeta,
ni mentirle a las Musas
ni abrir fuego al error.
Cada día que pasa se le pierden papeles
y encuentra alguna foto de su amigo DOLOR.
Joaquín "María" Sabina,
según rezan partidas
de libros de cocina,
de Cela, de heroína y absurdo Maldoror,
se niega a curar vicios
y va dejando indicios de adicciones y minas
de lápices modernos.
Sus rayas en cuadernos provocan endorfinas
que nunca fueron vistas por nadie alrededor.
Aunque no usa cortaplumas,
cuchillos, bisturíes,
opera en carne y hueso,
con versos a pulmón.
Mi pariente lejano me enseñó que hay un mundo
que llora sin consuelo
detrás del mostrador de bares y tabernas,
tras sucios escenarios con divas de salón.
Mujeres sin estilo rodean sus virtudes
porque es bueno ocultarse tras novias de cartón.
No importa si no calman
ansiedad e inquietudes:
Lo esperan unas cientos de noches en desvelo,
llegará a ser abuelo
del hijo que ha soñado en vidas paralelas
que Dios no le ha negado.
Irá prendiendo velas a Cupido y a Judas,
dejará viejas mudas
y estrenará su traje de clown que amó la muerte,
(nunca pude entenderte)
en entierros de seres
que cuentan por lo bajo cual era su dolor
on the road del atajo
que oprime la razón.
Ni biógrafo ni atleta
ni intérprete frustrado,
ni esteta destetado,
no es un hombre de paja cuando paga al contado,
no seré yo quien diga
lo que él siempre calló.
Al ver venir la guerra
que pudo detenerse,
no quiso defenderse
y carga con la pena de saber que estalló
por su ceguera inane
que es mala compañera,
por su altiva manera,
de pretender que sane su herido corazón.
En este acto, imploro
que abandones los cuernos
de un toro cultural,
que afiles los colmillos
ajeno a sangre ajena,
que agrega una condena
en oscuros pasillos
y vuelvas a ser ese
que no aprendió a cantar.
QUE SIGAS SIENDO FELIZ EN TU RUTA 66.
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