A quien le quepa el sayo…
Ay, relator de cuentas y collares,
de compases y ausencias sin aroma,
de vivos historiales y avatares:
guarda tu activa lengua en la que asoma
el semblante de duelos liminares.
¿Quién crees que te pagará la broma
de tesoros con barro en los ijares?
Vergüenza de tu sangre de paloma,
del parásito triste que consejas,
de las estatuas en ninguna parte,
de las musas que a secas adoctrinas,
de los puntos y comas con que añejas
el porvenir sin tiempo para odiarte,
del arte de vivir en bambalinas.
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