viernes, 24 de agosto de 2018

¡Qué lástima!




¡Qué lástima, señora, qué lástima indecible!



Qué oportunidad  más reñida
con la noble simpleza de mujeres
que aspiran a templarse en los inviernos,
con coraje impregnado en las arterias.

Ayer la vi 
con toda su soberbia al hombro,
diminuta y enferma, recelosa
ante un tribunal que ya dictó sentencia.
Desesperada y terca como un recuerdo triste,
la vi levantar el dedo acusador, creyendo
que a nadie debe cuentas su  atropello.

Usted, señora,
sin coartada y sin reparos,
allanada hasta en las fauces del averno,
con joyitas altivas y culpables
de una esencia feroz sobre la mesa
avanzaba  como una equilibrista,
sojuzgando el silencio
de quienes se arrepienten de las farsas
al ver que se derrumba el edificio.

Indecente, ladina, abominable, 
andaba calumniando y desmintiendo,
con esa honestidad irreverente,
del que sabe que todo está perdido,
que no vuelve el ayer, ni habrá mañana,
ni asientos amainados y vacíos,
que cada condición ha sido inútil
porque cayó en desgracia,
por fin,
su viejo imperio.






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Abiertos para aclaraciones o correcciones en estudio, para uso exclusivo de la autora.
Si quieres enviar un correo electrónico o dejar tu comentario puedes hacerlo a la cuenta personal de Lucía, que aparece publicada en el perfil: luciangelicafolino@gmail.com.