ESCENAS FINALES.
Cuando cruces en barco a la otra orilla
siniestra, espeluznante, descollada
y hechices con tu cuerpo maravilla
la postrera ración con la estocada,
solo el verbo tardío en su rencilla
con un tenue escozor de madrugada,
cual beso de Caronte te acribilla
la piel, y el corazón punzante es nada
más que un estigma borrascoso, ausente,
escenas de una mística doliente
impregnan de armonía el silogismo.
La muerte cual libélula impaciente
se pasa por la vida indiferente
dispuesta a despeñar por el abismo.
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