sábado, 27 de junio de 2020

nada ni nadie

nada ni nadie

Un mal libro es un mal libro y chau.
No te gastes
ni  le busques la quinta pata al gato.
Si bien es cierto que no podemos prejuzgar,
buscá escalas de medición de la mala literatura
y tiralas por la borda,
porque de ellas está empedrado el camino hacia el infierno.

Habiendo tantos buenos libros que leer,
perder el precioso tiempo que destinamos a meternos
en mamotretos ajenos
sin escuchar e indagar a otros
eficaces, maravillosos,
me parece lamentable.

Ahora digo... si el primer libro es el propio
(y voy por el noveno)
y no ha tenido éxito en el sentido
en el que se aprecia en la contemporaneidad,
-bombos y platillos,
paseo por la ruta de la fama,
tu dni en las academias-
y me satisface,
-siempre es mejorable para el ojo experto-
nada ni nadie
(un tópico divino este de "nada ni nadie")
me hará cambiar de idea
y ahí queda arrinconado para que en un futuro
de venganzas impertérritas,
lectores avezados lo lean y aprecien
su calidad y su valor poético.

Y sino, que se jodan bien jodidos
y sigan consumiendo concursos de televisión
con preguntas más insulsas
que una ensalada de pepinos sin aceite,
preguntas que nada aportan al conocimiento humano
de la subespecie que somos los versificadores
del siglo XXI y su vanguardia. 

lunes, 22 de junio de 2020

Lo que mis libros cuestan

Lo que mis libros cuestan.
                                         Aira es aire.


Mis libros cuestan $ 600.
Cetrerías, el último, tien´ 129 páginas.
Pero atención:
No se llenan todos los renglones y hay bastante espacio en blanco.
La tapa fue diseñada por mí
y los poemas son el lado B de mis anteriores experiencias.
600 pesos me parece una verdadera estafa. Con eso se compran 2 kilos de carré de cerdo y comen de 6 a 8 personas.
Sin embargo,
no tengo dudas de que quien lo lee
sale peor que antes,
entre mareado y ofuscado,
porque su cabeza va a estallar
en miles de fragmentos
tratando de interpretar
el hilo conductor que se desgrana.


Valen la pena.

domingo, 21 de junio de 2020

Seat 600


SEAT 600

En Argentina se conoció como FIAT 600.

Fue mi primer y único automóvil.
Gris perla.
Flojo de papeles.
Nunca me empeñé en aprender a conducir,
ahora me arrepiento, obvio.
Los de mi generación, muchos ya abuelos,
empezaron su vida motorizada con este coche.

Hastiada de la poesía culta y abstracta de los gorilas
y malvados capitalistas,
decidí que era mejor defender a los pobres viajando en colectivo
que conquistarles en corazón con libros de malos poemas
sobre sus manteles de hule, sifones de vidrio
y la falsa esperanza de un futuro más justo.


Los voceros de la poesía social de la liberación
hoy son funcionarios,
conducen autos alemanes,
tienen despachos en las principales ciudades del planeta,
vuelan en primera,
cobran sus premios en monedas fuertes,
y siguen escribiendo desde el iPhone,
y sus laptops con señales que llegan a la luna,
que el comunismo es el único modo
de salvarte.

Tenían toda la razón de mundo.
En mi próxima vida seré una poeta de la experiencia.






martes, 16 de junio de 2020

León herbívoro



“Ganarás la luz”, dijo Felipe.
Pequeñas urnas negras golpean la sombra.
Vuelvo a decir y digo su antítesis:
“La luz se está ahogando en la noche extrema”


¿Por qué huyen las cicatrices con cada parto terrible?





jueves, 11 de junio de 2020

desvaríos a la hora del té


Desvaríos a la hora del té


Hace un tiempo que no escribo. Es cierto.
Se me ha muerto la musa inspiradora
de hondas contradicciones en mis sueños.
Él era un señor común como pocos.
Ni  monje, ni brujo ni  intelectual.
Raro testigo de mis desvaríos
en el cementerio de la Almudena.
Lo amaba como aman los niños.
De soslayo todo él era una bóveda gris.
Ahora que me ha dejado desierta
con miedo a las personas por venir,
mal  sabor a jazmines derrotados
por el sol de una tarde de verano,
rememoro  su imagen espumosa
y mis tardos versos endecasílabos
quebrarán con plebeya poesía
la pena de encontrar palabras sordas
que silencien de música sus pasos.