jueves, 24 de diciembre de 2020

rarezas

 

 

 

rarezas

Que raro es ver a belleza

unida a sabiduría,

carabaillos míos...

rumiantes

seguiré intentando juntar letras

asfixiantes,

para alcanzar el grado de gran PAI


 

 

Cuando suena la trompeta, la carestía de la vida nos presta un sonido de balada, embalada para regalo galo, y al pájaro de mal agüero que escuece en las cacerolas sobre los fogones apagones, se trasmuta en manjar de los dioses y los adioses mudados y mudos enajenados...Y había solo un cuadro pintado en Bahía Blanca...

 

 

 

 

Llueve la lluvia en la sombra asombrada

huelen los olores de las picantes empanadas.

Avanzan los avanzados,

se vengan los vengadores vengativos.

El papel resuma un vago perfume a cañaverales,

de caña de comendadores.

Me extraña

y suma y silba

y papelea las peleas en otro Luna Park.

Me llega del pasado

una fiesta Intocable de Nicolino Locche 

e infama

y no se agota el grito de Hendrix

en cuatro notas de una guitarra sin cuerdas

a la izquierda de la derecha del corazón.  

Qué macana.

 

 

 

 


martes, 15 de diciembre de 2020

Melancolía ajedrecística

 

Melancolía ajedrecística

 

Era extraña,

deliraba que tú eras vos.

Usted de ilimitadas

movidas

en blanco y negro.

 

Porque es difícil hablar

sin comprenderse,

era ausente;

la más presente

de cada irreal momento,

sin poblar los escondrijos,

con enroques de dama-torre.

 

Soy contigo.

Voy conmigo

a los escaques de tu alma.

Soy porque no doy

con tu olor

en la grasienta

ciudad contaminada.

Peón por alfil

voy perdiendo los estribos.

 

Estoy, nunca pero estoy

cuando andás fuera de mí,

improvisando,

parafraseando

un jaque al Rey.

 

Estás para que yo más no sea

Yo y sin tu embargo,

tampoco.

Mas...Nevermore

aquí cerquita de los caprichos.

Reina tuya.

 

¿Por qué te tendría que querer?,

¿para que llegues ningún verano

a posarte en la rama

del árbol de la vida?

 

No me gusta

el maullido de los gatos en celo

ni esas torpes golondrinas que no volverán,

por extensión,

por impresión de testigo

de una inabarcable partida de ajedrez

ad infinitum.

 

 

 

 

 

 

 

 


¿Dónde estás?

 


¿DÓNDE ESTÁS?

Voy turbulenta y segura
metida en tu cuerpo de chacal,
la atmósfera me abrasa 
efusivamente.
Me derrito igual que una estalactita de la gruta;
esterilizada y prodigiosa.

Por la mañana siguiente,
los ruidos de los vendedores ambulantes
me desvelan
y recupero la confusión
de no saber dónde estás,
si es que estás.

Es un desagradable estado
(como el aliento fétido
después de una fiesta y su resaca).
Con el correr de las horas,
cruzando de calle a calle,
bajo la fría neblina
redescubro al enmascarado
debajo de la capucha luctuosa.

Vuelve un rostro a yacer a mi lado.
Tal vez no sea uno,
sino dos, sino tres,
sino diez...
pero eternamente
uno con el mismo rostro.

¡Qué triste es buscar señales
admonitorias en el tiempo
que nos enfrenten con esa otra cara-cruz
que nos pertenece!
Rechazo la coartada universal,
decía El comandante.

Escribo desde mi desmemoria,
evocando el poema que hace tantos años
recordara un belga en París.

Una idea vaga.
Una agitación reconocible en la distancia.
La misma lluvia
que antaño nos diluviara
bajo las arcas
que guardaban las Tablas de la Ley,
el maná y la vara de Aarón.


¿Hubo amor?
¿Habrá amor?
Ignorando pasados y futuros
el arroyo de la duda.
¡Ay! ¡Ay!
Hay amor
en los desencuentros.

lunes, 14 de diciembre de 2020

echando putas / a toda hostia

 


Nosotros decimos
                                   Ustedes
Ustedes dicen
                                   Vosotros
Nosotros decimos
                                  Hacerse la rata
Ustedes dicen
                                  Hacer novillos
Nosotros decimos
                                  Coger
Ustedes dicen
                                  Follar
Nosotros decimos
                                  Cagar aceite o cagar fuego 
Ustedes dicen
                                  Cagando leches
Nosotros decimos
                                   Echando putas
Ustedes dicen
                                   A toda hostia                                                                   



                                   Aunque en otros sitios digan a todo chancho  apretar cachetes
los hispanoparlantes nos entendemos  bastante bien cuando transamos, atracamos, nos magreamos o echamos mano, es decir, por no decir que hacemos el amor en nuestro propio idioma.


lunes, 7 de diciembre de 2020

Rimas especulares

 

RIMAS ESPECULARES.

 

Qué desborde en la red. Qué idolatría.

Qué ganas de comerse el mundo entero.

Qué fuego. Qué suspiros de febrero

pasado en la orfandad de la Gran Vía.

 

Qué cielo de arrabal. Qué calentura.

Qué besos en la frente y en La Boca.

Qué temple de poeta cuando toca.

Qué luces de escenario en su pintura.

 

Qué falta de respeto a la ignorancia.

Qué suerte de prisión de aura dorada.

Qué mentira de musa desgranada.

Qué cómplice del juego. Qué inconstancia.

 

Qué bufón sin zapatos. Qué levita.

Qué whisky avinagrado por los daños.

Qué garbo al escaparse de los años.

Qué patrón de la estancia cuando invita.

 

 Qué planta de torero.  Qué mascota.

Qué libro entre las piernas. Fiel desplume.

Qué sed de militante. ¿Qué perfume

del jardín del edén le pone nota?

 

Qué verde era su valle. Qué ironía.

Que fino paladar y fina estampa.

Que barón de las citas de Tenampa

cantando al alimón del alma mía.

 

Qué modo de ausentarse sin recato

y danzar tantas veces con su gira:

500 versos van que suma y tira

del cuento avaricioso del relato.

 

Qué amigo. Qué enemigo. Qué padrino.

Qué amante de sus hijas despechado.

Qué esposo sin anillo desposado.

Qué femme fatal con pose de argentino.

 

Qué macho encabritado. Qué martirio.

Qué legión de fanáticos de amor.

Qué camas cenicientas. Qué sabor

a sales y pimienta. Qué delirio.

 

Qué días con sus noches albergadas

en discos, pasarelas, garabatos.

Qué fauna periodística en los  tratos.

Qué torres de Babel  espeluznadas.

 

Qué marca en el orillo. Qué belleza

transmitiendo su  rojo, su mirada,

su nunca, su después, su casi nada,

su forma de arrancarnos la pereza.

 

Qué socio de Satán. Qué desperdicio

de modas con olor a naftalina.

Qué tributo. ¿Hasta cuándo,  Catilina

usarás rotas llaves del servicio?

 

Me voy porque no soy.

Vuelvo a quedarme.

Mis artes de poeta vacilante

me asfixian por detrás y por delante.

 

Caminito de Dios. Veneno bueno:

Que llueva reggaton en campo ajeno.

 

 Me voy porque hoy estoy

sin encontrarme.

Los sueños son promesas incumplidas

de viejos resplandores a escondidas.

 

Caminito de Dios. Veneno bueno:

Que no falte tu voz en el estreno.