CANTO
Tiremos los viejos poemas
para anticipar la primera palabra.
Cantemos la unidad por su vértice,
escapando de la zona vigilada
por el musgo de las poéticas oficiales.
Guardemos, en cambio, las horas sucesivas
de luminosas mañanas escalonadas,
haciendo barquitos de papel
que nos lleven al camposanto
donde mora la paz
que no distingue
si es domingo,
amparo o cucaracha.
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