Publicado (y borrado por el dueño del blog) en Mira que te lo tengo dicho.
Recogido de Siguen los comentarios (blog personal de resguardo de autoría).
Sobre el fregadero.
En este viaje del que no volvemos,
con soledades en la medianoche
y diez palabras sobre el fregadero,
como platos en las estanterías
de viejas librerías infantiles,
el calor de otro sábado se templa.
Se apaga el sol por crisis energética.
Una señora bufa con mala educación
sobre la antena de un televisor
que ya no existirá sino en su mente;
después beberá un té de tilo o manzanilla.
Un amigo feliz,
un periodista
con ganas de jamón y de deseo,
la abraza por piedad
en el recuerdo de Sevilla,
ciudad escandalosa
con barbero de Mozart y Rossini:
El Conde ha prometido
no engañar más a su esposa.
El programa de lágrimas acaba
en satinados éxtasis de boda.
¡Cuánta poesía se podría escribir
si no hubiera diez platos sucios
sobre el fregadero
y una partitura inédita en Europa!
Recogido de Siguen los comentarios (blog personal de resguardo de autoría).
Sobre el fregadero.
En este viaje del que no volvemos,
con soledades en la medianoche
y diez palabras sobre el fregadero,
como platos en las estanterías
de viejas librerías infantiles,
el calor de otro sábado se templa.
Se apaga el sol por crisis energética.
Una señora bufa con mala educación
sobre la antena de un televisor
que ya no existirá sino en su mente;
después beberá un té de tilo o manzanilla.
Un amigo feliz,
un periodista
con ganas de jamón y de deseo,
la abraza por piedad
en el recuerdo de Sevilla,
ciudad escandalosa
con barbero de Mozart y Rossini:
El Conde ha prometido
no engañar más a su esposa.
El programa de lágrimas acaba
en satinados éxtasis de boda.
¡Cuánta poesía se podría escribir
si no hubiera diez platos sucios
sobre el fregadero
y una partitura inédita en Europa!
Tuvo que ser en Sevilla - corregido-
TUVO QUE SER EN SEVILLA
Palabras para Juan Cruz:
En este viaje del que no volvemos,
con soledades en la medianoche
y diez palabras sobre el fregadero,
como platos en las estanterías
de viejas librerías infantiles,
el calor de otro sábado se templa,
se apaga el sol por crisis energética.
Una señora está gritando
con mala educación
sobre la antena de un televisor
que ya no existirá sino en su mente;
beberá un té de tilo o manzanilla.
Un amigo feliz,
un periodista
con ganas de jamón y de deseo,
la abraza por piedad
en el recuerdo de Sevilla,
ciudad escandalosa,
con barbero de Mozart y Rossini:
El Conde ha prometido
no engañar más a su esposa.
El programa de lágrimas acaba
en satinados éxtasis de boda.
¡Cuánta poesía se podría escribir
si no hubiera
diez platos sucios sobre el fregadero
y una partitura inédita en Europa!
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