Ya no soy anónima,
Estoy innominada en extramuros,
por una léxico-manía baudeleriana.
Develados los rasposos secretos,
francmasones, rosacruces, vaticanos,
la CIA y sus emergentes
están agonizando.
Despertaron mis ojos de hierba
con el beso del príncipe rana,
en una caja de cristal y roca.
Guardaban mi sepultura
bajo siete llaves
filisteos y pelasgos del proceso.
La palabra de Dios iluminó
mi senda hacia el futuro que viene llegando
sin que se haga tarde,
abriéndose paso
entre la histeria colectiva de los hambrientos.
Merecen indulgencia los apóstoles del Rey
pero el Rey mismo debe dimitir.
Su plan fue exterminado
con mis labios sensatos,
con mis manos cobardes, de uñas blandas,
sin verter una gota de sangre en las alfombras.
Apetencias, afuera.
Competencias, a un lado,
Aspiraciones bélicas, sádicas, nunca más.
El amor triunfante
ha instalado sus leyes rigurosas.
El oro de los tigres
es la paz de los pueblos nuevos.
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