jueves, 22 de abril de 2010

La innominada

Ya no soy anónima,

Estoy innominada en extramuros,

por una léxico-manía baudeleriana.

Develados los rasposos secretos,

francmasones, rosacruces, vaticanos,

la CIA y sus emergentes

están agonizando.

Despertaron mis ojos de hierba

con el beso del príncipe rana,

en una caja de cristal y roca.

Guardaban mi sepultura

bajo siete llaves

filisteos y pelasgos del proceso.

La palabra de Dios iluminó

mi senda hacia el futuro que viene llegando

sin que se haga tarde,

abriéndose paso

entre la histeria colectiva de los hambrientos.

Merecen indulgencia los apóstoles del Rey

pero el Rey mismo debe dimitir.

Su plan fue exterminado

con mis labios sensatos,

con mis manos cobardes, de uñas blandas,

sin verter una gota de sangre en las alfombras.

Apetencias, afuera.

Competencias, a un lado,

Aspiraciones bélicas, sádicas, nunca más.

El amor triunfante

ha instalado sus leyes rigurosas.

El oro de los tigres

es la paz de los pueblos nuevos.

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