LA TUMBA DE LOS LEPROSOS.
Aburridos de la vida,
rubios o morenos
padres de la misericordia,
caridad contaminada,
asesinos a sueldo,
caballeros de la melancolía,
parroquianos que se embriagan
entonando la ecuménica plegaria
de la meteorología,
dueños que copulan con el dinero,
todos, locos y conversos,
inhumanos cañones sin pólvora,
paladines sin mosqueteros,
hablan de verdades
y nadie sabe que la verdad
no existe:
Vanidades.
Es una ficción lenguaraz,
un relativismo manipulado,
una intención fallida,
la verdad es mentira
y la mentira huele.
Una herida que duele.
Escorpiones como cangrejos que van hacia atrás.
Pero hay que seguir
por el contracurso del río,
como si no fuera a secarse,
como si el sol del verano,
como si las nieves de julio.
Acomodarse.
Cauces poco profundos.
Vomitemos sobre la tumba de los leprosos.
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