José Ignacio Restrepo Abelaez.
Jamás será un anónimo tu nombre,
orujo de la piel enrevesada,
silencio de las uvas en invierno,
enigma de una noche acostumbrada.
Incógnita del sueño y de la espina
ganaste tu lugar,
no se discuta
al hombre que enfurruña las esquinas;
con su salto de ángel
ilumina
oscuramente la ciudad mostrenca,
rota,
escondida en los grises laberintos
sencillos de la mano de su genio.
Tanto número nueve se ha perdido
restando al diez un uno
escatimando
pericias, aposturas y sentidos.
Oh, José Ignacio,
Amigo del hatajo,
ritual y
bruscamente,
esculpiste lo sólido y lo líquido,
limando con dulzura,
atentamente,
el dolor de los tiempos
zapadores.
...pero, que bello gesto, de animoso mensaje y estructura plena, que no te beso porque estás al lado, y en este metro movedizo, y llano, apunto al labio y te lo doy solo en la mano...Gracias amiga bella!!!
ResponderEliminarGracias José Ignacio. Nos seguimos leyendo por facebook.
ResponderEliminarUn placer.
Lu