Soneto en demasía.
Mis primeros poemas fueron danzas
bailadas desde un antro submarino.
(No canto y cuando canto desafino.)
Mis viernes del dolor son alabanzas.
Los sueños que esgrimí fueron la lanza
que lanza el campesino, la semilla
que fuera a germinar en la otra orilla
donde el Rey es remero de la holganza.
La técnica, el orgullo y la soltura
llegaron por error, Fata Morgana.
Me pierdo el corazón en su cintura
y vuelo con mi cruz a su ventana.
La lija de mi voz es lima añeja
que roe por detrás de mis orejas
y sigue hasta la nuca el recorrido
de rimas sobre el yermo que los sabios
ocultan de la luz, bajo mis labios,
y dejan en el arte lo perdido:
venenosas serpientes, espolones
que pican con su lengua los rincones
en carcazas que penden del olvido.
Mi suelo es la ecuación del desagravio.
Mis primeros poemas fueron danzas
bailadas desde un antro submarino.
(No canto y cuando canto desafino.)
Mis viernes del dolor son alabanzas.
Los sueños que esgrimí fueron la lanza
que lanza el campesino, la semilla
que fuera a germinar en la otra orilla
donde el Rey es remero de la holganza.
La técnica, el orgullo y la soltura
llegaron por error, Fata Morgana.
Me pierdo el corazón en su cintura
y vuelo con mi cruz a su ventana.
La lija de mi voz es lima añeja
que roe por detrás de mis orejas
y sigue hasta la nuca el recorrido
de rimas sobre el yermo que los sabios
ocultan de la luz, bajo mis labios,
y dejan en el arte lo perdido:
venenosas serpientes, espolones
que pican con su lengua los rincones
en carcazas que penden del olvido.
Mi suelo es la ecuación del desagravio.
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