La envidia
Aunque él se llamara Horacio
lo apodaban: Parisién.
Fue la envidia del gimnasio.
Se ve que era un niño bien.
Por la facha que tenía
pudo ser un granadero;
pudo ser un granadero;
lo enloqueció esa manía
de matar al mensajero.
El pibe era policía
de la Local suburbana.
En otra comisaría
laburaba la fulana.
Si tu novia te cuernea
y lo hace con tu enemigo,
no te mandes una fea
cuando sobren los testigos.
“La audacia es para el cobarde”
le oí decir al Enclenque.
Nunca creí que esa tarde
el arma fuera un rebenque.
No te metas con extraños
ni le digas la verdad,
que cuando pasen los años
ya no habrá necesidad.
Las olas del mar fastidian
la gris cachaza del río;
los amantes no subsidian
la fiebre del desavío.
El que tiró de la rienda
de matar al mensajero.
El pibe era policía
de la Local suburbana.
En otra comisaría
laburaba la fulana.
Si tu novia te cuernea
y lo hace con tu enemigo,
no te mandes una fea
cuando sobren los testigos.
“La audacia es para el cobarde”
le oí decir al Enclenque.
Nunca creí que esa tarde
el arma fuera un rebenque.
No te metas con extraños
ni le digas la verdad,
que cuando pasen los años
ya no habrá necesidad.
Las olas del mar fastidian
la gris cachaza del río;
los amantes no subsidian
la fiebre del desavío.
El que tiró de la rienda
se pudre en un hospital.
¿Qué quien ganó la contienda?
Los dos terminaron mal.
Cuando exuda por los poros
la retórica perfidia
de quien busca los tesoros
de los pobres, hay envidia.
Muchas gracias.
Lu
¿Qué quien ganó la contienda?
Los dos terminaron mal.
Cuando exuda por los poros
la retórica perfidia
de quien busca los tesoros
de los pobres, hay envidia.
Muchas gracias.
Lu
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