***
Si mañana te llamo y no te encuentro
y pierdo mi escondite de repente,
mis cuerdas rodarán inútilmente
con tenue desaliño adolescente.
El rostro compungido, el epicentro,
la trampa del ratón con queso viejo,
los muros sin ventanas, el bosquejo
de la tela de araña en el espejo
serán el santo y seña de tu huida,
la guerra al corazón que se descuida
con bodegas de vino y mala vida
en bares de tabernas pestilentes.
Mil caries desalojan a los dientes
de aquellos que sufriendo como un ente
escaldaron el rasgo insuficiente
del hombre dibujado como un druida.
Con vueltas y revueltas no te quiero,
estoy del otro lado, y desespero.
Océano sin huella ni velero,
mis manos acogotan a mi mente.
El pasado fugaz, grandilocuente,
nos miente sin excusa. Irrefutable
el mundo de los módicos contables
con diario de perdón sosos y afables.
Apenas nos condena un hemisferio
que roza en el confín del planisferio
la noche de hechiceros y misterios
soñados a la par con los del suelo.
Tronando en Buenos Aires, no hay consuelo
para una tarde gris, mi oscuro vuelo
no llega a remontar la faz del cielo
si el móvil se ha incrustado por las venas.
Voto a bríos, con dios y con mi pena,
que alivie de mis labios la condena
de ser para ti espectro, luz, sirena,
sin nada que aportar como mujer.
Habrá que ver si es cierto, habrá que ver
si el nudo en la garganta se deshace
del modo tan sencillo como nace
el ciclo del dolor con su desguace.
Montaje que alucina y quema vivos
a cuerdos de recuerdos acordados,
trabalenguas de moda, deslenguados,
que tienen por objeto al ser amado.
Y así tiñe mi viaje de tiovivos,
las canas de una voz que suena raro,
desordena perfiles. Cuesta caro
tener por profesor tiro y disparo.
Este canto se asombra y no se entera,
desgrana sus palabras despechadas
al cursor de los pliegues y asonadas.
La penúltima vez, es la primera
que truena contra el hueco de la alfombra,
se excita, se desquicia y no te nombra.
Si mañana te llamo y no te encuentro
y pierdo mi escondite de repente,
mis cuerdas rodarán inútilmente
con tenue desaliño adolescente.
El rostro compungido, el epicentro,
la trampa del ratón con queso viejo,
los muros sin ventanas, el bosquejo
de la tela de araña en el espejo
serán el santo y seña de tu huida,
la guerra al corazón que se descuida
con bodegas de vino y mala vida
en bares de tabernas pestilentes.
Mil caries desalojan a los dientes
de aquellos que sufriendo como un ente
escaldaron el rasgo insuficiente
del hombre dibujado como un druida.
Con vueltas y revueltas no te quiero,
estoy del otro lado, y desespero.
Océano sin huella ni velero,
mis manos acogotan a mi mente.
El pasado fugaz, grandilocuente,
nos miente sin excusa. Irrefutable
el mundo de los módicos contables
con diario de perdón sosos y afables.
Apenas nos condena un hemisferio
que roza en el confín del planisferio
la noche de hechiceros y misterios
soñados a la par con los del suelo.
Tronando en Buenos Aires, no hay consuelo
para una tarde gris, mi oscuro vuelo
no llega a remontar la faz del cielo
si el móvil se ha incrustado por las venas.
Voto a bríos, con dios y con mi pena,
que alivie de mis labios la condena
de ser para ti espectro, luz, sirena,
sin nada que aportar como mujer.
Habrá que ver si es cierto, habrá que ver
si el nudo en la garganta se deshace
del modo tan sencillo como nace
el ciclo del dolor con su desguace.
Montaje que alucina y quema vivos
a cuerdos de recuerdos acordados,
trabalenguas de moda, deslenguados,
que tienen por objeto al ser amado.
Y así tiñe mi viaje de tiovivos,
las canas de una voz que suena raro,
desordena perfiles. Cuesta caro
tener por profesor tiro y disparo.
Este canto se asombra y no se entera,
desgrana sus palabras despechadas
al cursor de los pliegues y asonadas.
La penúltima vez, es la primera
que truena contra el hueco de la alfombra,
se excita, se desquicia y no te nombra.
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