Desertores del
sistema
Estudiaré los libros sapienciales
como un desertora del sistema.
Los versos sibilinos
adivinen,
adivinen,
el presagio de muerte y de desastre
del lenguaje de Apolo y de las musas,
con la tenue hermosura
castigada
castigada
por la inflexión celosa
que desentrañe tu brutal dominio
sobre el mío,
que gradualmente acusa
que gradualmente acusa
el miedo a no morir entre tus brazos.
Con el pretexto de calmar la angustia
hoy fruncieron el ceño las vírgenes caídas.
Reclamaron un límite modesto
ante tanta locura almidonada.
La pasión desarraiga divisorias de aguas.
La letra desafuera;
el verbo es soda cáustica.
Conmociona la parvedad del beso,
que no alcanza a durar
los tres minutos,
los tres minutos,
la demora del sol en el poniente
con su tibia rutina igualitaria,
y sirve su elocuencia a la apoteosis
contra nuestra implacable
influencia sucesoria
influencia sucesoria
de ejércitos perdidos en vínculos fatales.
Un fugaz escalón es suficiente
para cifrar
para cifrar
las religiones todas del cosmos indecible.
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