domingo, 17 de julio de 2011

Desastre de la pasión.


“No existe ayer, ni mañana,

nunca es ahora del después,

es que el mundo está al revés,

siempre pierde quien más gana.”










Las irrupciones violentas

del corazón,

los ardores de su prosa,

sus jugadas maestras

lastiman, no se cicatrizan

y nos ponen en disputa

con el mortal enemigo

del entendimiento.

Camino a los delirios de la estrella

está la verdad,

nula baratija presentida.

Sanguijuela de machitos a contrapelo,

corteses e indiscretos

explicarán motivos doctorales,

causas y consecuencias

de un desierto de sabanas

que descubren el Oasis

como quien descubre un huerto o un mito.

En la sumisión de las arenas movedizas,

intuyo las risas hipnóticas,

los lagartos peregrinos,

el perfume de la soledad.

En su contracara,

hay un amor enjaulado,

un colchón con panqueques de manzana,

y a pocas millas

un gorrión despavorido

hirviendo en caldo de gallinas

su responso y su gloria.

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