Cuando las ratas vienen marchando...
¡Cuidado!
La perfidia se acerca solapada
y los gatos mudan de pelaje,
de color;
se desollan;
arrastran por los tejados
su sed erótica,
histriónicamente exagerados,
y se cobijan
para hacer frente al panorama
de un modo teatral
y arbitrario,
que no dejará zarpazos testigo
de su escueta flatulencia ferina,
en el horizonte de sus pisadas.
Fluctúan entre los enigmas
de la partícula,
sin sustantivos cualificantes,
porque juzgarlos
semeja una inútil aporía,
un condicionamiento profesional,
en un marco a la incoherencia
de sus
self reproducting automata.
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