P I Q U E T E R O S
El piquete se fortalece en un cuadro
putrefacto del ocaso, acaso.
He venido a vencer al indigno,
he alterado las reglas del fracaso.
No blasfemo si reclamo mis derechos,
mis torcidos, mis inclinados huesos.
Abundan los oropeles en el cementerio.
Felices matrimonios fuman Marlboro
y van jugando su vida a las apuestas de caballos
para perder, siempre perder,
(a la luz de un mundo propio,
que no supieron inventar)
hilvanes desdichados, en hilachas,
orgánicos anorgásmicos a los postres,
vinos en odres podridas,
atardeceres más rotos que excluidos
y parcelas con influencias de radionovela,
en los alambicados destinos de los polizontes
de aquel barco japonés que robaba peces
de los mares argentinos.
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