Resistencias
Me resisto a olvidar, a dejarlo ir.
Un sentimiento espera
que su tenacidad y su amor propio
triunfen sobre el rencor
por las cenizas del pasado
y lo único que logra es
extasiarse en la pena-terraplén
y destruirse.
No me lo eches en cara,
soy mujer y vos (sos) cómplice de mis secretos.
La calma llegará a dominar la sinrazón.
¿Sabés que era un gozo querer a un hombre tan etéreo?
No hará falta terapia
para emerger de estos escombros.
Antes, me secaré ¡en vano! como una planta en otoño;
luego me retiraré a la montaña negra,
escabrosa morada de los solitarios.
Negar la eternidad del amor
es tan falso como asegurar
que esta noche no despertaré
pensando en otro abrazo.
Debo admitir, que tenías razón.
Ser ateo es estéril,
no soluciona el problema de la trascendencia,
el misterio de la humanidad,
solo lo descarta.
Es vanidoso ser nihilista,
un rebujo más de los que nunca
construyen una historia;
un cinismo de intelectuales
que se exasperan
por perecer, en lugar de morir
en paz con sus muertos.
Tampoco pretendo una religión,
un postrero refugio a la megalomanía
de las formas o sus ideas arquetípicas.
Sin comprenderlo me crucé un día con la Belleza,
¿fin y principio?
Too much(o) Plato!
Mi discurso es el de quien quiso poder
contra la humana naturaleza.
Yo no intenté aceptar verdades sometidas
y llantos perecederos.
¿Cómo es esa mujer que se atreve
a enfrentarse desde el zócalo
a los pilares de la tierra,
empecinada en seguir amando lo imposible
y, después, desaparece con su obra?
¿Quién subyace debajo de mí misma?
Nadie. Nada.
Ni mi obstinada fantasía
que insiste en avanzar entre las olas,
podrán revelar el porqué
de esta identidad perezosa para el cambio.
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