Un soneto de amor, por si las moscas...
El tedio y el rencor se desparejan.
Los besos que abrasaron nuestro idilio
no pueden condenarnos al exilio.
O cedes tú, mi amor, o no despejan
los fríos nubarrones que nos dejan
una acre desazón. Te pido auxilio:
envíame calor a domicilio,
calma las ansiedades que me aquejan.
Tus labios son el huerto de mi cielo;
el hábito es la cruz y la condena;
revoca mi dolor, púnzame el hielo;
acércate a mi falda nazarena.
Maltrecha está mi pena, mi alma en celo.
Vuelve a rodar sobre mi lengua obscena.
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